EL ZANCUDO de Arturo Soto Munguia
Hermosillo, Sonora.- Fuera de la estridencia con que los equipos de los más adelantados candidatos a la alcaldía de Hermosillo celebraron el triunfo en el debate de ayer, conviene intentar un análisis más frío, que comience por considerar la utilidad de estos encuentros como una vía para llevar a los ciudadanos las ideas y propuestas de los aspirantes.
En los hechos, un formato tan rígido y con tiempos tan reducidos lo hacen parecer inviable para ese efecto. Nadie puede desarrollar una propuesta de gobierno en participaciones de dos minutos.
Si de lo que se trata es de mostrar a los candidatos y candidatas en un espacio en el que muestren sus capacidades oratorias, de manejo de escenarios, la confianza en sí mismos, sus convicciones, la articulación de un discurso más o menos coherente y en general la proyección de una imagen de lo que serían una vez sentados en la silla de Palacio Municipal, pues el ‘debate’ sí cumplió el objetivo.
Observamos una candidata del PT, Elizabeth Caballero, titubeante, presa en ocasiones del pánico escénico muy común entre quienes no están acostumbrados a dirigirse a audiencias amplias y jamás han pisado un set de televisión.
Su condición de ‘ciudadana’ que apenas incursiona en las lides políticas es un sería un recurso ‘vendible’ para marcar la diferencia frente a políticos que acumulan experiencia en labores legislativas y de gobierno, si no fuera porque terminó inhibida por el micrófono y las cámaras.
La candidata del PT es el mejor ejemplo para ilustrar que la ‘ciudadanización de la política’ suena bien como cliché para adornar discursos sobre la democracia, pero nada más. La condición ‘ciudadana’ como alegoría para tomar distancia de los ‘políticos’, no siempre garantiza que por sí misma, perfile una opción que atraiga votos. Este fue el caso. Con ingenuidades y buenas intenciones, no se ganan elecciones.
Sucedió un poco con la candidata del Partido Encuentro Social, Silvia Guadalupe Galaz, con la diferencia que ésta sí tenía muy claro a qué iba a este debate: a darle con todo al candidato del PAN, Damián Zepeda a quien puso, en un par de ocasiones, de vuelta y media al definirlo como el candidato de la continuidad de malos gobiernos, descalificándolo para hablar de cambios, de honestidad, de transparencia y eficacia gubernamental.
Muy pausada, con un nerviosismo que sobrepasaba sus intentos por mostrarse serena, terminó siendo la ponente más agresiva, siempre contra el candidato del PAN.
El candidato de Morena, Jacobo Mendoza hizo buenos los pronósticos. Un discurso bien articulado, voz firme y claridad en sus ideas. Posiciones críticas hacia los gobiernos del PRI y el PAN y ejemplos concretos del desastre financiero y administrativo que prevalece en las administraciones a su cargo.
Mendoza mostró ser un tipo con posiciones críticas y convicciones firmes desde una posición de izquierda que, lamentablemente para su causa, no tiene muchos adeptos en Hermosillo.
Lorenia Valles, la candidata del PRD causó una buena impresión. Desarrolló algunas propuestas interesantes (hasta donde lo puede permitir el tiempo de exposición) y enderezó críticas muy puntuales sobre asuntos en los que han fallado los gobiernos del PRI y el PAN.
Aunque su experiencia como dirigente de partido y como diputada federal le permiten un buen manejo del escenario y el discurso, se nota que aún le falta desarrollar más esas capacidades.
María Dolores del Río cumplió las expectativas. Su experiencia como alcaldesa y su paso por el Congreso de la Unión, así como en un cargo de la administración federal le permitieron moverse con soltura, articular bien su discurso y proyectar ideas convincentes, así como críticas muy puntuales.
A pesar de que su discurso giró en torno a lo que hizo cuando estuvo al frente de la administración municipal (2003-2006) y eso generó la percepción de que se quedó viviendo en el pasado, es evidente que la candidata del Movimiento Ciudadano se afianzó como la tercera fuerza en Hermosillo y sin duda habrá de superar la votación que actualmente le confieren algunas encuestas.
Y, ojo, la mayor parte de los votos que Dolores del Río Obtenga en esta elección, vendrán de un sector de los electores que tradicionalmente votaban por el PAN. El tamaño del boquete que le abra a Damián Zepeda puede ser más grande de lo que éste haya considerado hasta hoy.
El ser principal blanco de las críticas, confirma que Damián Zepeda, el candidato del PAN se mantiene aún a la cabeza en esta contienda, aunque cada vez le resulte más difícil lidiar con su condición de candidato de la continuidad, algo que lo vuelve vulnerable.
De nuevo, Damián Zepeda se cuidó mucho de no mencionar a su tutor político, el gobernador Guillermo Padrés, a quien los candidatos panistas han decidido eliminar de sus discursos, conscientes de que a estas alturas su sola mención resta simpatías.
Tampoco mencionó al alcalde Alejandro López Caballero ni hizo alusión a su gobierno.
En cuanto a su desempeño, los principales comentarios hasta ayer iban en el sentido de que abusó de la actuación y casi siempre proyectó una imagen de optimismo que no corresponde a las lacerantes realidades que viven las grandes mayorías en Hermosillo.
El candidato del PRI, Manuel Ignacio “El Maloro” Acosta anotó un gol en el silbatazo inicial, cuando presentó entre sus invitados (cada candidato tenía oportunidad de llevar 10) a Lucio, un albañil de la colonia San Luis que viste una camiseta con la imagen de Albert Einstein; un tipo que le chinga todos los días para llevar el sustento a casa; una casa que en los últimos meses ha sido visitada tres veces por los ladrones.
Incluir a un personaje de la cotidianidad hermosillense reforzó el discurso de El Maloro en el sentido de lo que sería su gobierno: uno que considerará a todos esos Lucio que hay en Hermosillo, y con el que todos querían tomarse fotos al terminar el debate.
Incluso los memes, chascarrillos y comentarios después del debate, hablaban de Lucio y no faltó quién lo postulara como el candidato por el que votarían, a pesar de su corte de cabello. Pero al generar ese fenómeno, resulta que todos estaban hablando del Maloro.
La experiencia de El Maloro está fuera de dudas. Se cuidó mucho de no caer en ataques frontales, pero no dejó de ejercer una crítica certera a las administraciones panistas, la estatal y la municipal, que a estas alturas, por donde les tires les pegas.
En materia de propuestas, como señalábamos al principio, ninguno de los candidatos y candidatas perfilaron algo que no se haya conocido hasta ahora, y que pudiera incidir notablemente en la variación de las tendencias.
Las elecciones, al menos en este caso, no se van a ganar en este ni en otro debate, sino en las urnas a las que habrán de acudir por su propio pie un buen número de ciudadanos y sobre todo, una parte importante de la lista nominal que será acarreada a la casilla el siete de junio, por las mil y una manera de hacerlo.
Es decir, la elección se definirá ese día a partir de la capacidad de ‘movilización’ que tengan los partidos en contienda. Y estando así las cosas, automáticamente quedan fuera todos los demás partidos que no sean el PRI y el PAN, y así los desempeños en el debate y las propuestas en el mismo pasan a segundo término. Suena feo, pero así es.
Ahora que si insisten en ‘calificar’ a los contendientes por su participación en este debate, este humilde espacio considera que del uno al siete, la calificación corresponde a cada uno de los participantes, en el orden que fueron citados en esta columna. Punto.
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