Los demonios andan sueltos
EL ZANCUDO de Arturo Soto Munguia
Hermosillo, Sonora.- Vaya cierre de semana: escalada de violencia con autos incendiados, gente atrapada destruyendo propaganda, no por la policía, sino por los equipos de campaña (la policía los libera); deserciones de un lado y adhesiones a otro; guerra de encuestas en las que los principales equipos se adjudican la ventaja…
Y como telón de fondo, una escalada impresionante en las denuncias de corrupción hacia el actual gobierno estatal que encabeza Guillermo Padrés Elías, hacia su familia y funcionarios cercanos, así como a su candidato a sucederlo, Javier Gándara Magaña, mientras éstos responden con obuses similares que van dirigidos contra la candidata de la Coalición por un gobierno honesto y eficaz, así como hacia el coordinador de los diputados federales, Manlio Fabio Beltrones Rivera, a quien el gobernador y su candidato ya le han declarado una guerra frontal, que hasta hace poco había permanecido soterrada.
Y en el desgarramiento de vestiduras, lo que está quedando al descubierto es la depredación presupuestal que en sólo seis años postró a Sonora en un estado tan lamentable, que será un verdadero reto para quien gane la gubernatura, reconstruir el cochinero.
Dicen los que saben que el gobierno de Guillermo Padrés no se está jugando sólo la continuidad de su proyecto y su posicionamiento personal como eventual candidato presidencial en 2018 (lo que suena, al menos, desmesurado), sino la posibilidad de que sea llamado a cuentas junto a sus principales colaboradores, algo que los tiene más allá del nerviosismo y, digamos, en un estado de desesperación que los orilla a tomar decisiones atrabiliarias, si bien no se han distinguido precisamente por la mesura, nunca.
El gobierno del estado empujó y empujó hasta descarrilar la candidatura de Ernesto Gándara Camou, porque en su plan de vuelo estaba considerado que si el PRI postulaba a Claudia Pavlovich, su candidato Javier Gándara tenía el camino despejado, después de una pre-pre-campaña de dos años (por lo menos). De hecho, cuando destaparon a Claudia, en Palacio hubo fiesta y sombreros al aire.
Ese día, horas antes del destape, circuló con profusión la imagen de Manlio y Padrés sentados a la mesa, lo cual fue interpretado por muchos como una negociación de alto nivel. Algunos decían que a favor de Claudia, otros que a favor de Javier, pero que la sucesión ya estaba pactada entre los dos personajes, y que todo sería tersura hasta el siete de junio.
Eso, desde luego, ni usted ni yo lo sabremos nunca, como no sabremos lo que sucedió después.
Pero algo pasó en el camino. En dos meses de campaña, los 20 puntos que Javier traía de ventaja se han reducido al mínimo, y ya hay encuestas como las de Mitofsky y TM Reporte que dan como ganadora a Claudia, con ventajas de entre cuatro y seis puntos en este momento.
A dos semanas de las elecciones, el escenario de empate técnico opera en contra del PAN y de sus candidatos, que salvo algunas excepciones en distritos y municipios, han venido de más a menos, acaso porque finalmente terminó pesándoles demasiado la carga negativa de un gobierno que llega a su ocaso sumamente desprestigiado.
En Hermosillo, donde se suponía que el PAN barrería con el PRI, los cartones están muy parejos. Ayer circuló una encuesta de Buendía y Laredo, publicada en El Universal, que le da nueve puntos de ventaja al panista Damián Zepeda, sobre el priista “Maloro” Acosta.
Ayer mismo, sin embargo, se difundió otra encuesta de TM Reporte que le otorga ventaja de seis puntos al Maloro sobre Damián.
Las elecciones, ciertamente, no se ganan con encuestas, pero éstas han servido hasta hoy para confirmar tendencias. Y las tendencias indican que el PAN va a la baja y el PRI a la alza. Eso explica en muchos sentidos, por qué desde el gobierno se ha privilegiado prácticas de hostigamiento, agresión, violencia y amedrentamiento, apenas equiparables con las del priismo en su fase agonizante, cuando comenzaba a perder gubernaturas, mayorías legislativas y capitales estatales.
A diferencia de 2012, cuando el PAN en Sonora pudo ganar una mayoría precaria, pero mayoría al fin en el Congreso local, aunque perdió municipios importantes y, sobre todo, perdió la presidencia de la República, este 2015 el comandante en jefe de las campañas blanquiazules llega sin el apoyo del presidente, sin la estructura del gobierno federal (y el presupuesto) que en 2012 tenía totalmente a su servicio.
Peor aún, llega confrontado nada más y nada menos con quien hasta febrero pasado, muchos suponían su aliado: Manlio Fabio Beltrones, al que le están dando trato de cholo de barrio, lo que no lo debe tener del todo contento.
Alguien por ahí, en algún lugar del universo paralelo padrecista, puede creer que Beltrones asume que los madrazos que le está pegando Guillermo Padrés no tienen nada que ver con la campaña de Javier Gándara, pero hasta donde tengo entendido, Manlio no es de esos a los que le puedes dar una palmadita en la espalda diciéndole: “La verdad es que Javier Gándara es Javier Gándara y Guillermo Padrés es Guillermo Padrés”.
Antes bien, los reportes indican que Manlio está en Sonora de tiempo completo operando para que gane Claudia Pavlovich, y eso ya está causando algo más que nerviosismo entre quienes desde el PAN, conocen al político de Villa Juárez, y saben que no es precisamente una Carmelita Descalza.
Y si Guillermo Padrés y su gente decidieron llevar la contienda al terreno de los madrazos, escogieron un adversario que más o menos le entiende a eso, por lo que las cosas, en esta recta final de las campañas, habrán de ponerse al rojo vivo.
Por cierto, este sábado estará en Sonora el dirigente nacional del PRI, César Camacho Quiroz, para reforzar la campaña de Claudia Pavlovich, acompañándola en sendos eventos en Divisaderos y Moctezuma, así como en un encuentro con las estructuras del PRI en Hermosillo, de donde dicen, saldrán mensajes importantes.
Veremos y diremos.
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