Del espionaje a la misoginia, Sonora llora
EL ZANCUDO de Arturo Soto Munguia
Hermosillo, Sonora.- Tenía pensado hacer una columna muy seria, muy solemne, ceremoniosa, preocupada y circunspecta sobre lo que está ocurriendo en Sonora.
Los acontecimientos más recientes no son para menos y tengo la certeza de que la gobernabilidad está caminando sobre una cuerda floja; con todos los riesgos que ello implica, y eso sí es para estar alertas.
Estamos frente a un escenario en el que, desde las posiciones de gobierno, tanto en el nivel estatal como en el federal, están dispuestos a partirse, literalmente la madre, por conservar cotos de poder unos, por recuperarlos los otros.
Y eso implica utilizar los recursos que a su alcance tengan para alcanzar esos objetivos. La disputa por el poder es cruenta y, la historia no miente, incluye algo más que la grabación de una llamada telefónica o el hackeo de una cuenta de Facebook. También se jala el gatillo, se asesina, se desaparece, se escarmienta de mil formas.
Frente a eso estamos.
El peritaje de una agencia especializada probó que las llamadas a partir de las cuales se editó una conversación grabada en tiempos distintos y con personajes diferentes, para armar un diálogo que presupone tráfico de influencias de Claudia Pavlovich, corresponde a un trabajo de al menos dos años de espionaje y jornadas doble en la edición de los audios.
Se trata de un peritaje hecho por una agencia certificada por el FBI estadunidense y frente a eso poco pueden hacer los troles malpagados del gobierno estatal, que se dieron vuelo satanizando a la candidata del PRI.
No hay ingenuidad en esta columna. La posibilidad de que ese tipo de ‘arrreglos’ sean concertados entre personajes de la alta política mexicana es real y, para decirlo llanamente, práctica común, sin importar las siglas del partido en el que militen los protagonistas de esas historias.
Por eso tampoco carece de credibilidad el hecho de que 41 empresarios sonorenses hayan sido beneficiados con el ‘perdón’ de más de 700 millones de pesos en impuestos que debieron pagar y no lo hicieron, gracias a las gestiones de funcionarios del gobierno de Sonora con otros del gobierno federal.
Este asunto viene desde 2010, cuando Felipe Calderón era el mejor aliado de Guillermo Padrés y juntos pudieron hacer ese y otros muchos ‘trabajitos’, como el de la presa en el rancho Pozo Nuevo que recientemente fue demolida.
Es decir, el asunto es serio. Mucho más serio que las alharacas de los troles de uno y otro bando en redes sociales, destrozándose por ver quién cubre mayores superficies de mierda por metro cuadrado de las dignidades de terceros.
Un triste espectáculo. Aquí es donde la seriedad pierde su lugar y se lo cede, por lo menos, a la sorpresa, al asombro, al azoro, a la pregunta sobre las metas a las que quieren llegar quienes, cual caricaturescos Quijotes libran denodadas batallas lanzando caca a puños contra los molinos de viento que, invariablemente, se la devuelven tan bien repartida, que les cae hasta a quienes no tienen vela en el entierro.
Y ese es el punto.
La gran masa de ciudadanos en la que se incluye esa mitad (casi) del padrón electoral que no acude a las urnas por cualesquier razón, pero fundamentalmente por el desencanto de no sentirse representada por las cúpulas partidistas que se disputan a sangre y fuego los privilegios del poder, están viendo con hartazgo ese juego en el que siempre ganan los mismos, y siempre pierden los otros, los que no son los mismos.
Es decir, la gente que a diario batalla con un pésimo servicio de transporte urbano; los que ven sufrir y morir a su familia en hospitales famélicos; los que dejan a sus niños en escuelas donde se carece de lo indispensable; los que transitan por carreteras despedazadas o por las calles de las ciudades llenas de baches; los que en su vida cotidiana son simplemente víctimas del olvido de gobernantes que se dan la gran vida.
Ese es el punto en el que quería escribir una columna seria, circunspecta, preocupada.
Pero deshice lo que ya había escrito para pasar a la risa y el desparpajo. La carcajada que se burla de uno mismo. El apego a esa alza tradición mexicana de burlarse de la muerte, que es otra falacia, porque si hay alguien chillón y adolorido cuando muere alguien cercano, somos nosotros, los mexicanos.
Así que mejor quise retomar esa vertiente del humor, ácido si se quiere, para burlarnos de quienes mandaron colocar en Hermosillo algunas lonas publicitarias con mensajes violentamente misóginos como “Las panochas en las coyotas y no en palacio” o “Las mujeres como las escopetas: cargadas y en un rincón”.
Los priistas atribuyeron rápidamente a los panistas esta campaña. Los panistas acusaron a los priistas de ser los autores, para autovictimizarse, considerando que su candidata al gobierno es mujer.
En esa lógica se dio todo un enfrentamiento en redes sociales, acusándose los unos a los otros, en el que participaron de manera muy activa líderes y candidatos de ambos partidos, así como funcionarios del gobierno panista.
El manual de la propaganda negra es muy elemental. El contenido de odio hacia las mujeres indica que el PRI puso esas lonas para acusar al PAN. Pero en una lectura más detenida, cualquiera puede pensar que el PAN diseñó esa campaña precisamente para inducir, en mensajes tan obvios, a acusar a los priistas de ser los autores.
Temprano, se registró una manifestación de protesta frente al Palacio Municipal de Cajeme, municipio gobernado por el PRI, donde han sido detenidos varios repartidores de propaganda del PAN. La manifestación la encabezó Gildardo Real, el coordinador general de la campaña de Javier Gándara. La exigencia es la de un cese a la represión, pues la policía municipal los trae a raya en sus labores de reparto de propaganda.
En Hermosillo, municipio gobernado por el PAN, los priistas denunciaron que siete de cada diez ‘espectaculares’ de sus candidatos han sido destruidos, y que los autores de esos actos vandálicos son protegidos por la policía municipal.
Pero donde ya las cosas rayaron en la tragicomedia, fue a la media noche, cuando en la cuenta de Facebook del candidato a la alcaldía por el PAN, Damián Zepeda Vidales, se publicó una propuesta para volver más eficiente el gobierno, basada en una dieta ‘vegana’ de los funcionarios públicos y la publicación de un periódico mural con mensajes motivacionales.
La propuesta duró varias horas en el FB de Damián, quien salió al filo de la media noche a desmentirla y argumentar que le “hackearon” la página.
Desde luego, a la hora en que eso sucedió, la muy activa comunidad de redes sociales hizo cera y pabilo del candidato panista, que en su arranque de campaña propuso un teleférico para la ciudad, lo que motivó el escarnio de los habitantes de una ciudad donde no se puede circular por tierra debido al mal estado de las vialidades.
En resumen: si alguien quiere dedicarse a la política, es momento de retirarse. El verdadero negocio no está ahí, sino en las intervenciones telefónicas y el hackeo de páginas de Facebook.
Desde ahí se puede decidir quién gobierna.
Rían o lloren, pero así esta, hasta ahorita, la cosa.
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