Columnista invitado: El Zancudo (No mata, pero hace roncha)

- La legitimidad que da la turba
Arturo Soto Munguía
Hermosillo, Sonora.- Intensa la jornada de ayer en la capital de Sonora. El saldo no es alentador: las fuerzas políticas se han crispado al máximo; nadie construye puentes y al contrario, todos los dinamitan.
La negociación política, la voluntad de construir consensos ha sido sustituida por el grito y el sombrerazo; por las campañas de odio, el linchamiento político en los medios y en la plaza pública. Por las arengas incendiarias, las amenazas y los manoteos. La inoculación del rencor entre una turba suficientemente descontenta con la vida, como para atender con facilidad cualquier llamado a la violencia.
A media mañana comenzaron a llenar la Plaza Alonso Vidal, frente al Ayuntamiento de Hermosillo, un nutrido contingente de origen diverso, pero preponderantemente de las colonias populares, acarreados en camiones urbanos con cartulinas en las que se leía la exigencia de agua para Hermosillo y se culpaba al PRI y a sus personeros por el cierre del acueducto Independencia.
Dirigentes del PAN y diputados locales de ese partido, los convocantes. El discurso, lleno de rabia. Tanta que por un momento estuvo a punto de salirse de control, cuando algunas señoras tomaron el micrófono y llamaron a no dejarse utilizar para golpear al PRI. Para decir que los funcionarios de gobierno estaban muy a gusto en sus oficinas refrigeradas, mientras ellos sufrían en el ‘solazo’. Para decir que el alcalde y el gobernador deberían estar con ellos en ese momento.
Rápidamente una líder urbana del PAN tomó el micrófono para decir que sí, que el alcalde y el gobernador estaban con ellos, pero tenían asuntos importantes que atender y por eso estaban ausentes.
Cuando las cosas comenzaban a salir de control, el alcalde salvó el evento. Apareció cruzando la calle que separa la plaza del Palacio Municipal, arribó entre aplausos, tomó el micrófono, expresó que la lucha por el agua en Hermosillo no es política ni electorera; que se trata de un tema vital para la ciudad y que de ahí iría a los juzgados federales para conocer una nueva resolución de los tribunales en torno al tema.
Debo decirles, apuntó, que es posible que dentro de un rato, el tribunal resolverá sobre un nuevo recurso que interpusimos, y que seguramente nos es favorable. Debo decirles también que en caso de que no nos favorezca, lo vamos a acatar…
Y un grito inundó la plaza: “¡Nooooooooooooooo!”.
Lo vamos a acatar, pero seguiremos luchando, acotó el alcalde Alejandro López Caballero.
Por cierto, también se hizo presente el aspirante a la candidatura del PAN al gobierno del estado, David Figueroa Ortega, quien reiteró su posición en torno al conflicto por el agua en Sonora, donde se requiere generar certeza, conciliar y reconciliar intereses, así como frenar la polarización que sólo lastima a los ciudadanos.
II
Horas antes, en el salón de un hotel de la ciudad, la agrupación Unidos por el Agua daba a conocer un plan de acción que incluía la publicación de desplegados, marchas y movilizaciones, una visita a Los Pinos, para plantear al presidente de la República la exigencia de que no se cierre el acueducto Independencia.
El líder de esa agrupación, el empresario Servando Carvajal, propietario de la cadena de supermercados Súper del Norte: “No sabemos de temas legales, pero sí sabemos que tenemos un derecho supremo al agua”, dijo. Intereses personales o tecnicismos legales no dejarán a Hermosillo sin agua. No podemos estar a merced de situaciones políticas y quedarnos sin agua, agregó.
Servando Carvajal estaba acompañado de otros empresarios como Miguel Ángel Figueroa “El Mágalo” y Héctor Seldner, así como el dirigente del STIRT en Sonora, José “Pepe” Victorín.
El auditorio, muy ‘ciudadano’. Muy ‘sociedad civil’, aunque alguien por ahí identificó a muchos empleados de la cadena Súper del Norte. También se hizo presente por ahí una decena de jóvenes pertenecientes al Centro de Integración para Alcohólicos y Drogadictos (CIAD) de Cananea. Presencia un tanto fuera de lugar, no por su condición de rehabilitados, sino por viajar más de 400 kilómetros para asistir a ese encuentro.
III
A las 11 de la mañana comenzaría la comparecencia del secretario de Gobierno, Roberto Romero López, para explicar ante la Comisión de Vigilancia del Instituto Superior de Auditoría Fiscal, el destino de los créditos por 600 millones de pesos, autorizados por el Congreso para invertirse en la modernización del transporte urbano.
Junto a los diputados que integran la comisión, estaba también el Auditor Mayor del ISAF, Eugenio Pablos Antillón, un tipo normalmente parco y mesurado, pero que en medio del fragor de la batalla esa mañana, en que el diputado del PAN, José Serrato lo acusó de ser “brazo del PRI”, tuvo que salir a defender su trayectoria profesional, y desmentir al secretario de Gobierno, aclarando que no hay manera de comprobar, documentalmente, el destino de esos 600 millones de pesos.
Las cosas comenzaron mal. De entrada, la turba que momentos antes llenaba la plaza Alonso Vidal fue conducida hacia el Congreso. Abarrotó la sala de comisiones. La llenó con sus gritos y sus insultos. El caos, el desmadre total en el recinto. La turba incluía a la tristemente célebre Marina Arce, la lideresa del PAN que en febrero del año pasado, llevó un grupo de encapuchados a una manifestación contra la tenencia, para agredir físicamente a los ‘malnacidos’, como se identificó entonces a esos inconformes. También estaban ahí los chavos del CIAD de Cananea.
La jugada era muy clara. Se trataba de reventar la comparecencia de Roberto Romero y estuvieron a punto de lograrlo. El debate no era debate, sino una asamblea de locos gritando por todos lados. Trepados en las sillas, con megáfonos, acusándose de todo a grito abierto por más de una hora en la que no se podía instalar la sesión.
Un tuit del alcalde Alejandro López Caballero llegó para mojar la pólvora de una reunión en la que los madrazos estuvieron a flor de piel. “El Tribunal Colegiado de Circuito resolvió dejar sin efecto la orden del Juez Octavo que pretendía cerrar el Acueducto Independencia”, decía el tuit.
La noticia fue celebrada por todo lo alto entre los diputados del PAN, pero al mismo tiempo los dejó sin sus ruidosas bases de apoyo. Al no existir más la amenaza del tandeo, la presencia de sus huestes en el recinto sobraba, así que fueron conminadas a salir.
Y salieron. Las que no salieron, fueron las huestes de los concesionarios del transporte, que se quedaron toda la comparecencia para mentar madres, lanzar puyas, interrumpir a gritos a los diputados…
La mañana se la llevó el ex fiscal Abel Murrieta Gutiérrez. Como ya se ha hecho costumbre en las comparecencias de funcionarios, el que fuera procurador de Justicia por 9 años en Sonora (seis de Eduardo Bours y tres de Guillermo Padrés) sometió a un brutal interrogatorio al secretario de Gobierno que -y el video de la sesión no me dejará mentir-, fingió demencia magistralmente para responder: No sé, no me acuerdo, no tengo claridad, no tengo esos datos, no puedo responder, y así…
El destino de los 600 millones de pesos sigue siendo, pues, un misterio. Las comparecencias, un ejercicio inútil en términos de rendición de cuentas, aunque un agasajo para la crónica del desmadre y los agarrones.
Y la política en Sonora, una cancha en la que no gana el que tenga más saliva y trague más pinole, sino el que pueda convocar a la mejor turba de gritones, para que revienten cualquier posibilidad de un ejercicio profesional de la política, o por lo menos, algo que se le parezca.
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