A un año de la partida de Atila Monroy, se mantiene la Tavernita Fish Bar más fuerte que nunca

Marco A. Flores/César Barragán
Nogales, Sonora.- Este viernes 14 de septiembre se cumple el primer aniversario luctuoso de Atila Monroy, quien logró que su propósito y anhelo en vida, de mantener abierta La Tavernita Fish Bar para el disfrute de una numerosa clientela que le recuerda con cariño, a un año de ya no poder estar con él.

El popular bar ubicado sobre la calle Elías y con más de 66 años de servir como espacio para el disfrute de una cerveza, un trago y escuchar música rock, mantuvo sus puertas abiertas tras la partida de Atila, gracias al esfuerzo de su hijo, Jaime Atila Monroy Minjarez y familia.

El joven empresario de 29 años, con el apoyo de su tío Fabio, otros familiares y amigos, tras el primer año del fallecimiento de su padre, lograron cumplir con su deseo.

Catalogó fue un año difícil por no contar con la dirección de su padre, quien hacía que el negocio funcionara, aunque los que se quedaron al frente le han echado todas las ganas del mundo, como el mismo Atila lo solicitó.

“Es difícil seguir trabajando aquí sin verlo, pero fuera de eso, ha sido un año de éxito total por toda la raza que sigue viniendo, todos los que lo apreciaban no han dejado de echarnos la vuelta, recordarlo y hemos tenido un aumento en nuestra clientela”, reconoce.

Aceptó que fue un reto para él cuando tuvo que tomar el timón del barco, de la noche a la mañana, fue difícil acepta, porque le cayó la responsabilidad completa en una etapa donde Jaime venía solamente de apoyarlo con algunas labores para la funcionalidad del negocio.

Monroy Minjarez comentó que, en un principio, cuando su padre estaba enfermo, admitió que, si Atila no estaría al frente del bar, tampoco él se haría cargo porque no sabía sobre sus responsabilidades, aunque al final de cuentas, aceptó el reto y tomó las riendas, porque era lo que su papá quería en vida.

“Fue un par de meses que fue difícil, ya después me empecé a sentir cómodo, aquí nací y he estado toda mi vida, no es nada diferente, lo único es que es más responsabilidad y diferente a cuando trabajaba para él, ahora me tocó a mi hacer lo que mi apá hacia”, agrega.

Jaime Atila recuerda que sus inicios en La Tavernita fueron limpiando los baños, cuando era menor de edad, posteriormente recibió la oportunidad de programar música en la consola y enseguida a la barra, así como en labores administrativas.

Tomó capacidad y experiencia detrás de la barra luego de trabajar también en otros centros nocturnos, en donde aprendió para convertirse en bartender.

También considera que la clientela en el último año se triplicó prácticamente y que lo más curioso, fue un factor favorable que su papá vaticinó cuando estaba enfermo, ya que, según él, cuando falleció el padre de Atila, ocurrió lo mismo.

“Él ya sabía, me dio un adelanto de todo lo que está pasando ahorita, de verdad, es algo muy curioso”, añade.

Jaime recuerda desde pequeño, cuando tenía escasos cuatro años, que le gustaba sentarse en una sillas giratorias ubicadas en una esquina del bar, su padre le programaba una canción llamada “Your Boogeyman” para que él jugara dándole vueltas a las sillas.

Dice rememorar a su padre siempre detrás de la barra, platicando con la clientela, siempre con un cigarro en la mano o tocando su cajón peruano y cuando trabajó con él en la misma barra, recuerda que se puso una buena borrachera la primera vez que le ayudó a servir tragos, es uno de sus mejores recuerdos.

Cuando está solo en el bar, recuerda mucho todos consejos e indicaciones que le daba su padre antes de morir, agarrar el timón del barco, todas las responsabilidades que tendría al frente del negocio, las experiencias que tendría y que no sería algo de decisiones propias, que también habría que escuchar siempre a los clientes.

“Siempre tengo en la mente todos los consejos que me daba, cuando estoy solo aquí, le recuerdo mucho e incluso, siempre le pongo un shot de tequila, del que le gustaba y me sirvo uno yo, así nos lo aventamos los dos”, señala en referencia al Nicho que adorna principalmente la pared de la barra.

Atila disfrutaba de varias melodías del rock clásico como “Africa” de Toto, “The Show Must Go On” de Queen, “The Healer” de Carlos Santana, así como “Cause We Ended As Lovers” de Jeff Beck y “Separate Ways” de Gary Moore, sus favoritas de toda la vida.

Jaime relata que el último deseo de mi padre fue morir en su casa, donde murió su padre y donde su madre dio a luz el día que él nació, para él era algo muy importante terminar sus días en esta casa, pero se nos adelantó falleció el jueves 14 de septiembre un día antes del que tenía pensado sacarlo del hospital y llevarlo a su casa, como él me lo pidió.

“Mi padre me anticipó que tras su muerte el trabajo en el bar se iba a incrementar mucho, mucho más, me dijo que eso había pasado cuando su padre murió, es decir, mi abuelo, nunca me dijo porque, pero eso está pasando justo como lo predijo, gracias a Dios y a todos nuestros cliente y amigos”, señala.

Afirma también que una de las cosas que me repitió varia veces antes de morir es que me encargaba mucho el bar y a los cliente porque sin ellos nada funciona, su consejo fue que siempre debemos de escucharlos y tomar en cuenta sus comentarios, decía -es muy importante consentirlos y hacerlos que se sientan bien con tu servicio-, algo que nos esforzamos por hacer siempre”.

“Entre otras cosas mi padre en vida me dijo que si dejaba el negocio familiar él vendría y me jalaría de los huevos para que me alivianara. Siempre enfrentó su enfermedad con mucho valor, hasta el día de su muerte, aún me sorprende al recordar cómo aceptó su situación muy a su estilo con mucha fuerza, así como estoy seguro de que muchos lo recuerdan hoy”, señala.

La Tavernita es un bar fundado en 1952, por la familia Monroy, el abuelo de Jaime, de nombre Ángel Monroy Rivera, le compró el negocio a un norteamericano y fundó el bar, lo trabajo con apoyo de Atila y Fabio, hasta 1982 cuando falleció, entonces su padre y tío se hicieron cargo y lo convirtieron en un espacio rockero netamente.

“Ha sido un negocio familiar, siempre atendido por la familia, hemos tenido ayuda de amistades a lo largo de los años, pero ya estamos en la tercer generación al frente, preparando ya también a la cuarta generación que serán mis hijos”, dijo.

Recuerda que han tenido años difícil, desde el año 2008 cuando ese sector sufrió una seria inundación que obligó al cierre de varios locales, también otras dificultades de índole económica y hasta problemas familiares se han tenido que lidiar para mantener el bar funcionando.

La Tavernita salió adelante y se mantuvo gracias al apoyo y patrocinio de la clientela, a la que se considera fiel y que muchos por décadas han acudido al bar, así como clientela nueva que también han mantenido al negocio funcionando.

Monroy Minjarez también agregó que hay proyectos a futuro, una remodelación al lugar y la edificación de una segunda planta, ampliar el espacio para que ahí se celebren “tocadas” o presentaciones de bandas locales e invitadas, siempre respetándose la decoración y esencia que por décadas ha caracterizado al Fish Bar.

“Todo lo demás se va a quedar igualito como esta, con mejoras por supuesto, algo de mantenimiento a la cueva, un poco de pulido al bambú y una restauración a la barra, también al baño de las mujeres, hay muchas ideas y sugerencias de nuestra clientela, se les hará caso”, comentó.

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