Llaman grupos religiosos a «Resistir el muro–Fortalecer el espíritu» en el Sur de AZ

Se unen contra la campaña de devastación en la frontera entre Estados Unidos y México

Boletín oficial/Tucson, Arizona

La comunidad de Arivaca, AZ, un pueblo remoto a lo largo de la frontera entre Estados Unidos y México, tiene la reputación de brindar ayuda humanitaria a los migrantes y refugiados que caminan y mueren en el desierto alrededor de sus hogares.

A medida que los residentes son testigos de la destrucción de vidas y tierras con la construcción del nuevo y más cruel muro fronterizo, su espíritu para resistir la violencia fronteriza se fortalece.

Del 14 al 18 de septiembre, una coalición de miembros de la comunidad y líderes espirituales se reunirá todos los días en el muro cerca de Sasabe, AZ para acongojar y honrar las vidas humanas, vegetales y animales perdidas por la militarización de la frontera y protestar contra el muro como símbolo de intolerancia e instrumento de erradicación.

El reverendo Matthew Funke Crary, de la iglesia unitaria universalista Borderlands en Amado, nos recuerda que «los muros no pueden honrar la integridad, la totalidad, lo completo».

Mientras la tierra es excavada por excavadoras y retroexcavadoras, las heridas del odio atraviesan las Tierras Sagradas Tribales, el Refugio de Vida Silvestre y los Monumentos Nacionales.

La Patrulla Fronteriza informa que encuentra alrededor de dos conjuntos de restos humanos cada día, la cifra real de muertes probablemente sea significativamente mayor.

El muro de acero de 30 pies promete forzar a quienes huyen de la pobreza extrema y la violencia a cruzar rutas de cruce aún más peligrosas y mortales.

Este símbolo de odio y racismo no se está construyendo para mantenernos a salvo. Es un arma divisoria y mortal que les cuesta a los contribuyentes $4 millones por milla, con casi 2,000 millas de tierra por cubrir.

En un momento en que millones de estadounidenses y mexicanos están luchando para poder pagar las cuentas basicas durante una crisis de salud global, la construcción del muro fronterizo está robando agua subterránea preciosa de las comunidades fronterizas durante una sequía.

“Los residentes de Sasabe, Sonora ahora no tienen agua corriente”, según Carlota Wray, una residente de Arivaca que realiza visitas semanales a Sonora para distribuir recursos para la reducción de daños.

A medida que los contratistas ganan millones de dólares, las comunidades de todo el continente están sufriendo el efecto dominó de la falta de recursos a las necesidades básicas como agua potable, alimentos y servicios de salud.

La construcción del muro es una cuestión moral y espiritual. No solo por la destrucción y la muerte, sino porque simboliza los muros dentro de nuestros propios corazones y mentes.

Como comunidad espiritual interreligiosa, sabemos que el desmantelamiento del muro fronterizo físico, así como los muros internos, es el único camino hacia la paz.

La paz no puede construirse mediante la militarización ni imponerse mediante agentes armados. La verdadera seguridad y protección se cultiva mediante la ayuda mutua, ya sea entre familias, comunidades o naciones.

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