Días y noches de color y de alegría en la Feria del Hueso

Baile, canto, danza, rock, mariachi, flores, rueda de la fortuna, carritos, volantines, cruces, rezos, velas, oraciones, olores y sabores… Todo se conjugan para pasar una tarde-noche llena de alegría en los panteones de Nogales, Sonora

Boletín oficial

Nogales, Sonora.- Entre vasijas de barro, los icónicos puestos de cobijas, el olor al maíz por los elotes humeantes y los clásicos churros que no podían faltar, centenas de familias se aglomeraron en cada rincón de la calle Reforma.                                                                          

Día de Muertos, o fieles difuntos, la razón mágica para llenar de colores,  vestir a los vivos de la muerte, con catrinas y catrines que fueron elogiados en el lugar perfecto, ahí, muy cerca del Panteón Nacional, donde se celebra la tradición en memoria de los que hoy son historia.

¿Quién podía pasar desapercibida la elegancia y lo místico de sus colores?, si  todo era perfecto para la  fecha que todo mexicano espera el 1 y 2 de noviembre de cada año, al final de cuentas, celebrar la muerte, es la seguridad de los vivos, aunque nunca haya intenciones de saltar ese peldaño. 

Un llamado del mundo terrenal

Celebrar vida y muerte, jalando lo bello del arte y la cultura, agradecidos y sorprendidos los paseantes que han anticipado su festejo, antes de ir a llevar su ofrenda, al pie de la tumba de aquel que fue llamado de este mundo terrenal, pero hoy más que nunca,  están presentes  en las almas y corazones en aquellos que aún permanece la virtud del recuerdo.

Cuánta alegría y de eso los testigos lo pueden platicar, padres y madres cuidando a sus  retoños, parejas de enamorados que vieron en la Feria del Hueso de Nogales, el sitio ideal para sentir el orgullo de un  pueblo.

  Es claro el disfrute de la masa, pues  cada vez que se escuchaban las hermosas melodías que el Instituto Municipal de Fomento a la Cultura y las Artes hizo posible gracias al talento de artistas como Ivanna Lluvias y Gerardo Valenzuela con el mariachi Nuevo Sol.

Una tarde-noche sin complicaciones, ese fue el compromiso de la institución que dijo velar por la seguridad de los nogalenses, algo que no había duda, ya que  en lo alto de una escalera teleférica un oficial de la policía guardaba por la tranquilidad de los transeúntes, mientras que en los mismos minutos, decenas de oficiales recorrían pie tierra para esta cerca de la gente.

Toda la comedera

Una tarde y noche de octubre, una fecha más para recordar, así lo dirán también los taqueros, los hombres que ofrecen trompos y canicas, baleros,  loterías, canastas con dulces mexicanos, ¿y por qué no?, esas  gorditas tan populares, que están el gusto, casi igual que el pan de muerto, pero todo junto, haciendo la fiesta.

Ahí andaba doña Juanita, una vecina de la Buenos Aires, que cargaba un bulto de cobijas, había pagado 600 pesos por ellas, y que de su tierna voz decía,  que era una ganga que siempre se traía.

Tal vez, en los juegos del arito, las botellas, el tiro al blanco que todos quieren presumir, en los deliciosos tacos de asada y del pastor, o bien, con esos tostitos repletos de queso, verdura y elote,  o aquellos que les llaman “tostilocos”, se quedaban sus hijos, nietos, o el hijo de su vecina, pero ella se iba a descansar con esas cobijas que el pregonero, con su peculiar estrategia, la había convencido al escuchar, “Le doy una, otra más, y para que se anime, le ponemos otra cobija más y sólo pague, 600 por ellas, y le ponemos otra cobija más, para que vuelva…”.

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