Fue Nogales, parada obligada del Pájaro Sin Nido en su vuelta al mundo en bicicleta

Marco A. Flores
Nogales, Sonora.- Sonora con sus carreteras inseguras para ciclistas y Nogales en su calidad de principal punto de entrada hacia la penúltima etapa del recorrido por el continente americano, formaron parte de la aventura que hace un año emprendió el español Josetxo Valencia, quien busca darle la vuelta al mundo en bicicleta.

El conocido también como “Pájaro sin Nido” estuvo en Nogales durante dos días esta semana, antes de continuar con su viaje por suelo estadounidense y después de cruzar por Sonora, un estado que al igual que el resto del país, lo cautivó, también representó gran inseguridad ante la falta de espacios en sus carreteras.

Entrevistado en el lobby de un hotel ubicado en el primer cuadro de la ciudad, a donde llegó para descansar por algunas horas, Josetxo relata cómo empezó todo, el inicio del vuelo de este Pájaro Sin Nido que busca recorrer el mundo a bordo de su bici.

“Es un proyecto personal, un reto desde tiempo atrás para darle la vuelta al mundo en bicicleta y es un reto, porque a la vez que haces físico, conoces, viajas, ves culturas y es toda una aventura”, comenta.

Empezó a pedalear poco antes del 2008 y después de hacer un pequeño viaje por su natal España, extendió su recorrido a Malasia y después se fue de paso hacia países asiáticos como Tailandia y Myanmar, ahí fue donde se dio cuenta que estaba preparado para hacer algo mas grande.

Su idea nació al principio, porque desde niño supo de grandes aventureros como Marco Polo o Carlo Magno, quienes recorrieron el mundo montados a caballo prácticamente, de ahí a la inspiración para Josetxo, quien se considera un soñador, que ve cosas en la televisión y prefiere verlas con sus propios ojos, a que se las cuenten, con la idea romántica de hacerlo con su propio esfuerzo.

“A mi hacerlo con un carro o una motocicleta o autobús, no me llama la atención, porque te pierdes todo, no ves nada, pero en una bicicleta lo recorres palmo a palmo, por eso el por qué de cumplir mi sueño, de conocer todos los continentes y sus culturas, con mi propio esfuerzo, sin ayuda de nadie, que no sea mi propio físico”, afirma.

De ahí, nació el proyecto del Pájaro Sin Nido, que busca recorrer el mundo en cuatro etapas, empezando por la fase Euro-Asiática que ya cumplió hace año y medio, que empezó en su natal Madrid y terminó en Shian, China, recorriendo la “Ruta de Seda”, conformada por países como España, Italia, Francia, Eslovenia, Croacia, Montenegro, Bosnia-Herzegovina, Albania, Grecia, Turquía, Georgia, Armenia, Irán, Turkmenistán, Uzbequistan, Kirguistán y China.

“Fueron aproximadamente 17 mil kilómetros, muy duros y en donde te encuentras con desiertos enormes, los Himalaya y después de esta, continúo mi ruta tratando de hacer estas cuatro etapas por el mundo y sigo con esta -Americleta- (América en Bicicleta), en la que estoy embarcado ahora mismo, comencé el 16 de marzo del 2016 en Ushuaia, el punto más austral que hay y después de un año, llegó a Sonora, a Nogales y seguiré hasta llegar a Alaska”, afirma.

Valencia recuerda que este año pedaleando por América Latina se ha sentido muy vinculado, por ser español y el lenguaje, cultura o identidad, relata además que vivió algunos años en Brasil y Paraguay, ya conocía también Colombia y otros países, pero a pura mochila, sin haber pedaleado por Latinoamérica y que probablemente de las cuatro etapas, ésta sea la de más ilusión.

Tras recorrer toda Sudamérica, Centroamérica y todo México, ha sido un trayecto apasionante, con una cultura delirante, una gastronomía, música y danza que le ha encantado, reconociendo una máxima riqueza a nivel cultural que jamás ha conocido, al pedalear desde el Altiplano Boliviano, subir la Cordillera de los Andes, atravesar el Desierto de Atacama en Chile, el Amazonas por el Ecuador, todo Colombia y sus tres cordilleras.

  • Llega a Nogales con más de 22 mil kilómetros pedaleados

Después cruzar por Centroamérica y sus selvas, sus animales, su fauna, para después cruzar México, entrando por Chiapas y atravesando por Oaxaca, Guerrero, Colima, Michoacán, Jalisco, Nayarit, Sinaloa y ahora Sonora, terminándosele el país, tristemente, dice, porque quizás es el que más le ha gustado.

Recuerda que en Perú, su dispositivo para contar kilómetros “tronó” quizás por la altura de más de cinco mil metros, de ahí ha calculado distancias con un GPS que lleva y según lleva alrededor de 22 mil kilómetros pedaleados por esta “Americleta”, en un año.

“Había calculado llegar como máximo en agosto del 2017 en Alaska, porque después en un sitio como ese empieza a nevar, hace temperaturas de hasta treinta grados bajo cero y prácticamente no se puede andar allá y por necesidad tengo que llegar antes de agosto, por ahora si voy en mi tiempo”, comparte.

Aceptó sin embargo que en su paso por nuestro país, se ha “tirado” más tiempo en comparación a su cruce por Sudamérica, ha demorado mucho, pero aun así, lleva buen tiempo, ya que del año que lleva pedaleado, solamente en México ha estado por más tiempo.

Su razón, porque ha conocido gente más interesante, por las festividades decembrinas y se ha relajado, pero que ahora al reanudar por Estados Unidos, tendrá que darle duro al pedal si es que quiere llegar antes de agosto.

Josetxo tras cruzar por estados mexicanos considerados como más inseguros, tales como Michoacán o Guerrero, por experiencia propia y tras haber pasado por países como El Salvador y Honduras, donde si se percibía una sensación de inseguridad, en tierras mexicanas le pareció bastante seguro.

“Ustedes tienen problemas como cualquier otro país y en cuestión de los carteles, pues es algo que no tiene mucho que ver con un viajero, es mala suerte si te hayas en medio de una balacera, pero de no ser así y con otro problema como la delincuencia común, México me ha parecido más seguro, en esto si lo comparo con otros países”, explica.

Por su paso por Sonora, Valencia permaneció casi diez días en Hermosillo, donde le acogieron unos ciclistas que lo mantuvieron activo en rodadas locales de bicicleta, pero el estado lo ha recorrido en nueve días, antes de llegar a Nogales, esta semana.

  • Sonora, de las etapas más peligrosas

Aunque también acepta que una de las etapas más peligrosas de su recorrido por todo el continente americano es pedalear por Sonora, hace una crítica constructiva al señalar que es uno de los estados más peligrosos que ha hecho en su viaje en bicicleta.

“Hay muchos camiones y no hay acotamiento en muchos sitios, los camioneros no tienen la culpa de un ciclista ni yo de que ellos tengan que hacer su trabajo, pero pasan muy cerca y aquí no hay acotamiento. He estado con colectivos ciclistas en Hermosillo que se dedican a rodar, pero en mi país también los hay y se dedican a reivindicar por carriles bicis”, asegura.

Consideró que Sonora es muy inseguro para la bicicleta, por no haber carriles ni respeto para el ciclista, que es necesario exigir los carriles para bicis, para que la gente se anime a viajar y dejar el carro, como ya sucede en países como en Estados Unidos y Europa, donde la comunidad ya puede hacer pequeños trayectos de pocos kilómetros.

“No se necesita de un carro, te crece la panza y es bueno para la salud utilizar la bicicleta, pero los ciclistas urbanos necesitan de un carril y no se pueden ir jugando la vida por utilizar su vehículo preferido, por eso los Ayuntamientos tendrán que hacer una inversión, si no quieren que esta ciudad sea más contaminada e intransitable, porque en ciudades como Estados Unidos y Europa, el carro se ha convertido en un verdadero problema y los políticos se lo han tomado más en serio. El carro te deja contaminación, ruido y afecta a la salud, te crece la panza”, añade.

Comparó su recorrido por varias ciudades mexicanas, donde existen calles y avenidas más anchas que en ciudades europeas, donde es más fácil tener carriles para bicicletas, sin embargo no existen pese al mejor urbanismo existente, sin embargo en Europa se ha hecho un verdadero esfuerzo por preferir la bicicleta, que en México no existe esa voluntad, ni de los ciclistas por exigir o reivindicar esta necesidad.

  • Lo que falta y aprovechar la primavera, la luz del día

Su trayecto hacia el norte por Estados Unidos, lo planeó recorrerlo y pese a que improvisa bastante, por estados como Arizona, porque quiere cruzar por el Gran Cañón y por Yellowstone, así que atravesara por Utah, Idaho, Wyoming, Montana y hasta cruzar por Calgary, ya por Canadá.

“A mí me da poquito más miedo el frio, pero vamos hacia la primavera, donde hay un poco mas de luz, uno de los problemas que he tenido en todo Centroamérica y México inclusive, es que a las seis de la tarde, ya no pedaleo de noche, por eso voy hacia más luz, cuando llegue a Canadá anochecerá a las ocho o nueve, eso me dará un margen de treinta a cuarenta kilómetros más y avanzare más rápido”, agrega.

Compara su próximo cruce por las Rocosas y demás zonas montañosas de Estados Unidos, con lo que ya ha subido como la Cordillera de Los Andes, es prácticamente un juego de niños, ya que subió hasta casi cinco mil metros de altura en Bolivia, otros cuatro mil en Perú, en donde apenas se respira, son montañas bien inclinadas.

Josetxo pedalea al día alrededor de cien kilómetros, aunque si hay luz y energía para hacer más, serán bienvenidos, ya que después de muchos años de pedalear, el físico le responde muy bien, empezó a usar la bicicleta desde niño, pero de manera más seria, desde el 2008.

Cuando Valencia hace los cien kilómetros diurnos, necesita descansar por las noches, ya que se acumulan los días, las semanas y los meses, es entonces cuando se tiene un cansancio físico, pero en realidad, el verdadero cansancio es mental, al ver el mapa y darse cuenta de los miles de kilómetros pedaleados.

“Son muchos países, los haces con tu propio esfuerzo, en una bicicleta que pesa 16 kilos, mas 40 de equipaje, estamos arrastrando casi 60 kilos con todo, te cansas. Llevo todo, desde tienda de campaña, ropa, cocina, cacharros, un saco para dormir, herramientas, ropa de invierno, de verano, un botiquín, muchas cosas para poder atravesar desiertos y sitios inhóspitos, si no, te mueres ahí”, dice.

Agrega que después de dos meses pedaleando, cualquier persona se pone en forma y agarra condición, que el verdadero reto es lo mental, mas cuando lo haces solo y no compartes recorrido con nadie, se requiere de estar fuerte psicológicamente.

  • Malos días, ganas de abandonar la aventura

Acepta que han pasado muchos días cuando a Josetxo le ha pasado por su cabeza el tirar la toalla, abandonar la travesía, “días cuando acaba la jornada, se me poncha la llanta, tengo un problema mecánico, me llueve o todo a la vez, le pegas una patada a la bici con rabia, pero pasa la tempestad y viene la calma, me levanto por la mañana y empiezo ver el paraje tan lindo como el de Sonora y me regresa la sonrisa al rostro, ya quiero empezar otra vez”.

Valencia aprovecha cuando llega a cualquier lugar para bañarse y asearse, aunque es poco común el hospedarse en hoteles, usualmente duerme en el campo y si tiene suerte, en las ciudades le acogen amigos o autoridades como Protección Civil, Cruz Roja o Policías.

Agrega que las ciudades excesivamente grandes procura evitarlas, como Medellín o Lima, busca mejor descansar en lugares naturales, como montañas, lagos, ríos, descansar en el campo, hace su campamento, pese a que ha tenido recurrentes encuentros con fauna en plena naturaleza, como pumas, serpientes y demás animales.

“Pero es más gratificante dormir en la naturaleza, con aire puro, sin polución lumínica, es mejor ahí, de eso se trata, de aventura”, añade.

Josetxo no está casado ni tiene hijos, porque este tipo de aventuras son imposibles de lograr con una familia, sin embargo tiene el apoyo de su madre, hermanos y amigos, quienes ya saben como es y saben que si esta vuelta al mundo no la hace, estará en casa muy infeliz.

Mantiene contacto con su familia y amigos vía redes sociales, mantiene al día su página de Facebook, la cual es “Un Pájaro Sin Nido”, para quien lo quiera seguir y conocer su aventura.

Extraña a su familia, pero afirma que los lleva consigo, van pedaleando con él y se imagina que al momento de llegar a Alaska, ellos estarán en ese lugar, así como toda la gente que lo ha apoyado en el camino, que ha sido mucha.

Después de Alaska, Valencia se tomará un año sabático en su natal Madrid, periodo para reparar su bicicleta, buscar patrocinadores para continuar con su proyecto, planificar la nueva etapa por varios meses.

“Mi siguiente objetivo es hacer África en una tercera fase, de costa a costa y para finalizar la cuarta etapa por Oceanía, lo que es Australia, Guinea, Nueva Papúa y Nueva Zelanda, pero esto está lejos, ahorita estoy metido en esta, hay que acabarla”, comenta.

Valencia tiene actualmente 47 años de edad, cantidad que para una persona como Josetxo, quien ha hecho deporte de fondo físico, como correr maratones y actividades similares, es una buena edad para hacer deporte de ultra fondo, siempre y cuando se mantenga en fondo.

Ha conocido a ciclistas de ruta con edades de hasta 70 años, para él, el físico aguanta cuando se mantiene en forma y lo que verdaderamente importa es la ilusión y la motivación.

Su mensaje final fue el invitar a las mentes aventureras el tener voluntad para hacer las cosas, que las personas que tienen sueños, que lo intenten, que no se sienten en el sofá de su casa, que lo intenten.

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