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Pretende Padrés que lo pinten en un mural del Palacio para inmortalizarse*

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Cortesía Arturo Soto Munguía
*Por considerar al maestro Carlos Moncada Ochoa uno de los referentes imprescindibles en el periodismo (político, cultural, histórico y/o sin más adjetivos), me permito reproducir en este espacio su colaboración de hoy.

Lo hago porque aborda un tema que muchos han manoseado groseramente, la mayoría sin conocimiento del mismo y, en el peor de los casos, desde una perspectiva completamente imbécil. Me refiero a los murales de Palacio de Gobierno, que en estos días fueron destruidos parcialmente, lo que fue festinado por algunos incondicionales del padrecismo en las redes sociales, bajo el sorprendente argumento de que “estaban muy feos”.

No sorprende que los troles de Guillermo Padrés en las redes sociales exhiban diariamente su ignorancia y visceralidad. Finalmente son sólo el subproducto de un gobierno cerril, grosero. Un gobierno que escucha la palabra “cultura” y se lleva la mano a la cacha de su revólver.

Sorprenden otras cosas. Sorprende por ejemplo el silencio del Instituto Sonorense de Cultura, cuya titular, Poly Coronel, acaso la mujer que mejor entiende de estos temas en el gabinete ampliado de Guillermo Padrés, voltee hacia otro lado.

Sorprende la posición del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) en Sonora, que ayer envió un boletín de prensa abordando el tema, en el que evita cualquier alusión directa a lo que representa el daño al patrimonio cultural del estado.

En los últimos dos párrafos de este boletín se lee:

Hoy en 2104, el Centro INAH Sonora como organismo facultado para la conservación, protección y difusión del patrimonio cultural en el estado, llevó a cabo el día 18 de junio, una reunión con personal del gobierno del estado de Sonora, después de que se recibiera el día 17 del mismo mes una denuncia por realización de obras en el interior del palacio de gobierno.

En el marco de la reunión se analizaron los alcances del proyecto de mantenimiento que se están llevando a cabo por parte del ejecutivo, quien además se comprometió a realizar en conjunto, una visita de inspección, que permita a los especialistas del INAH dictaminar el proyecto, buscando la conservación integral del edificio, la preservación de sus murales, así como en general su valioso patrimonio.

Y esa es la parte sustancial. Desparramar palabras para no decir nada.

Estamos, creo, frente a un nuevo ridículo en la prensa nacional, equiparable a los que pródigamente ha generado este gobierno, desde las sillas de ruedas ‘transformer’, el ‘monumento al tubo’, el cobro de tenencia por posesión de burros, los jornaleros muertos en banquetas de hospitales, la trabajadora doméstica de la Casa de Gobierno, presa desde hace cuatro años acusada de robar millones de pesos guardados en una caja de cartón en la recámara del gobernador; la activista del PAN ‘suicidada’ en el centro de arraigos de la Policía Estatal Investigadora en Guaymas, cuyo suicidio fue desmentido por peritos de la CNDH que exhumaron el cadáver y determinaron que María Jesús Llamas Coronado, como se llamaba la señora, no falleció por heridas auto infligidas.

Troles y acomedidos del nuevo sonora no dimensionan, porque les está negado por su propia naturaleza ultramontana, el significado de lo que está ocurriendo.

La comunidad artística y cultural de Sonora y de México, habrán de emitir sus posicionamientos al respecto en los días por venir.

La derecha, escribió alguna vez Carlos Monsiváis, no ha ganado una sola batalla cultural. Esta vez, creo, volvió a perder.

Pero mejor los dejo con las letras de Carlos Moncada Ochoa, uno de los que mejor le entienden al asunto:

La destrucción de murales en el palacio de gobierno resultó, por desgracia, cierta. La polémica que se desarrolló la noche del martes en las redes se centró sobre el espacio originalmente sin pintura en el ángulo superior norte, pero el estropicio principal se hizo en los muros que, al subir a la planta alta, encuentra uno a mano derecha y a mano izquierda.

En esos espacios, equivalentes al 40 o 50% del mural de Teresa Morán, que plasmó la vida y teogonía de los yaquis y evocó las páginas históricas más brillantes contra los filibusteros y la intervención francesa, los albañiles tendieron capas de enjarre y las pinturas desaparecieron.

El gobernador desea que en los espacios robados al patrimonio cultural de Sonora se pinten retratos de líderes nacionales panistas, el del presidente Vicente Fox, el del presidente Felipe Calderón y, desde luego, el suyo, destacando que es el primer gobernador panista en Sonora (y Dios quiera que el último).

También se pintarán las que Padrés cree sus obras cumbre: el acueducto a El Novillo, el estadio de beisbol y algún puente elevado. A él se le representará acompañado de “su” pueblo, no necesariamente la noche del 15 de septiembre del año pasado.

Los murales del palacio los promovió el gobernador Samuel Ocaña García. Los del cubo de la escalinata y de la planta superior fueron pintados por Enrique Estrada y Teresa Morán; los de la planta baja, con estilo diferente, por el recientemente desaparecido Héctor Martínez Arteche. Aunque los dos primeros comenzaron en 1982 y Martínez Arteche a principios de 1985, los tres terminaron este año, que fue el último del gobierno de Ocaña.

Habíamos considerado que estos murales eran, en cuanto a plástica, lo mejor del patrimonio cultural de los sonorenses. Ahora que se intercalen temas políticos y figuras políticas cuestionadas, especialmente la del gobernador, por la imparable corrupción, los restos del antiguo patrimonio cultural quedarán contaminados.

Supongo que los sonorenses de todos los partidos, el PAN inclusive, no permitirán el monumental insulto a nuestros antepasados.

Supongo que los panistas fingirán otro intento de sesión en el Congreso, aunque con el ánimo de que no se reúna el quórum; ya conocen la receta: hablar mucho y no ceder en nada.

El gobernador Padrés está decidido a impedir que se apruebe la legislación electoral para que se conserve el Consejo Estatal Electoral con la composición que le conviene. Si el INE presiona y obliga a los legisladores locales a celebrar al menos una sesión para aprobar la nueva ley, Padrés confía en que algunos de sus cómplices quedarán en posiciones que les permitan hacer trampas a favor de los candidatos panistas.

Poco o nada le importa que los sonorenses hagamos en ridículo por no haber sacado la tarea sus legisladores. Y su afán de revolver las aguas se entiende. Se está jugando, para el 2015, dos opciones: la primera, que gane el candidato del PAN y le tape la corrupción; la segunda, que gane el candidato del PRI y que lo mande derechito a la cárcel.

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